En el silencio de la noche, donde el amanecer de los sentimientos encuentra su cuna, germinan los versos. Aquellos que unos días vistieron canciones y otros, poemas. Sería difícil averiguar qué fue antes si la poesía o la canción. Ambas comparten cuna, alimento, musicalidad y eternidad; ambas necesitan de un genio que las dibuje primero en su corazón y después sobre un papel. De vez en cuando, muy de vez en cuando, la historia depara tesoros eternos que funden ambas artes. Se trata de una tarea ardua, compleja y propia de encaje de bolillos. Los poemas que nacieron para ser poemas suelen perder su naturaleza entre notas, mientras que, al contrario, las canciones sin sus pentagramas se encuentran desnudas. Por todo ello, por esa fusión perfecta que alcanzó el disco del que hoy les hablo, me permito presentarles una obra maestra: “Poesía básica”, de Extrechinato y Tú.
Esta obra llegó de la mano de varias de las voces más autorizadas del panorama rockero nacional, como son Fito Cabrales, Iñaki Antón “Uoho” y Roberto Iniesta “Robe” – cantante y guitarra por entonces de Platero y Tú y cantante de Extremoduro-. De hecho, el nombre de este grupo de artistas que fusionaron sus artes para este proyecto vino también de la unión de los nombres de sus grupos y del verdadero protagonista del disco, Manolillo Chinato (Extre- de Extremoduro; Chinato del apellido del poeta, y Tú, de Platero y Tú). El objetivo del disco fue el de rendir homenaje a Manolillo, amigo de todos ellos y que, de hecho, posteriormente ha participado en discos y conciertos de los que fueron sus compañeros en este viaje. En el libreto del CD ya admitían que se habían tomado su tiempo para la realización de este disco (que les había dado tiempo a fumar y fumar mucho) y vaya que si lo hicieron. Un total de cinco años, pero la espera mereció la pena.
En este disco, además, asistimos al relanzamiento de la versión blues de Fito que, ese mismo año, saldría de Platero (el grupo se disolvería) para enrolarse en un proyecto con el que participaba de vez en cuando por entonces, con Los Fitipaldis.
Pero este disco no fue la unión sin más de estilos diferentes, no. Desde el primer tema “A la sombra de mi sombra”, hasta el último, “Manolillo Chinato” (un compendio de los versos del poeta), este disco consiguió crear un estilo propio, diferente, conjugando la serenidad del silencio al recitar con la dureza de las guitarras del más duro rock. Conjugando, incluso, una orquesta sinfónica con la guitarra eléctrica del Uoho y la acústica de Fito. Los ritmos se entrelazan dentro de las diferentes pistas, como ocurre en “Si el cielo está gris” (una de las pocas canciones en las que Manolillo Chinato no participa con sus versos, en la que Fito le cita en homenaje).
Atendíamos hasta ahora a la musicalidad, a la magia de la fusión de ritmos y aspectos tan diferentes de la música –con una maestría que para mí, hasta entonces, era desconocida-, pero no se puede pasar por alto lo realmente importante, aquello por lo que es recordado un poema o una canción, aquello por lo que se mantienen en el corazón y no en el oído: el mensaje. Y es que cada pista, cada verso guarda un pedazo de los corazones de estos artistas que quisieron transmitir sus sentimientos y que encontraron un gran vehículo. Este mensaje, cargado de compromiso político y social, viene representado en el primer tema “A la sombra de mi sombra”. Allí, Manolillo Chinato entrecruza sus poemas con la canción y acaba recitando unos versos preciosos, ya cantados en estrofa por Robe durante la misma:
“No quiero ver injusticias ni miserias,
No quiero ver militares ni princesas,
No quiero ver dictaduras ni pobreza,
No quiero ver religiones ricas ni reinas.
Tan sólo quiero yo ver a los pobres sin miseria,
A los ricos sin dinero, desnudos en esta tierra,
A infinitos corazones unidos por el amor,
Unidos contra la guerra”
Unas estrofas que un corazón de 18 años, rebelde y ardiente, por aquel entonces resonaron como un lema a entonar, como una filosofía a aplicar, como una obra maestra que jamás debía olvidar y que hoy me he permitido el lujo de acercarles. Pero como mis palabras se quedan cortas, a todos aquellos que no tuvieron la oportunidad de conocer este disco que no duden en escucharlo, de manera reposada y tranquila. Él mismo les guiará hacia diferentes estados de ánimo, les hará cabalgar entre la serenidad y el ritmo, entre la paz del poema y la rebeldía de su contenido. Escúchenlo. Yo, a la sombra de mi sombra, me haré también un sombrero, de copa o de ala ancha, qué más da, pero que sirva para recordarles a estos artistas que su obra no cayó en saco vacío y que esos infinitos corazones a los que hacía mención Chinato esperan que estos artistas vuelvan a juntarse algún día para dedicarnos otra obra sublime.
Jorge Gomez
Jorge Gomez
